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CASI UN 90% DE LOS INTERNOS QUE ENTRAN A LOS RECLUSORIOS SIN SER CONSUMIDORES DE DROGAS SALEN CONSUMIENDOLAS.


¬¿Readaptaci√≥n social?


Foto Ilustrativa

Hacinamiento, drogas, motines, fugas, corrupción, asesinatos y un sinfín de escandalosos problemas son moneda corriente cuando hablamos de los centros penitenciarios. Nadie en su sano juicio puede creer que estos son centros de Readaptación Social.

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La semana anterior REFORMA publicó una serie de notas sobre temas penitenciarios. Nos enteramos de la fuga de 53 reos de la cárcel de Cieneguillas en Zacatecas sin que se haya disparado un solo tiro, una operación que fue claramente planificada con la connivencia y apoyo de autoridades del penal. REFORMA también informó que existen serios cuestionamientos a la directora de readaptación social del DF, a quien se le imputa no poder controlar los centros. Y finalmente el pasado sábado el periódico informó que en más de 11 estados hubo recientemente fugas y motines dirigidos por internos ligados al narco tráfico.

La impresión que tenemos es que las cárceles en México, excluyendo algunas excepciones, están en un absoluto descontrol. O más precisamente, están controladas... por los reos. Hacinamiento, drogas, motines, fugas, corrupción, asesinatos y un sinfín de escandalosos problemas son moneda corriente cuando hablamos de los centros penitenciarios. Nadie en su sano juicio puede creer que estos son centros de Readaptación Social.

Hay algo podrido en el sistema. Que se fuguen reos con apoyo de las autoridades es sólo una muestra de lo corroída que está la estructura. Quien haya visitado alguna vez un penal se habrá dado cuenta que hay corrupción en las aduanas, que hay vejaciones hacia las visitas, que la droga circula libremente, que los internos están sometidos a tormentos por parte de otros internos. Las investigaciones que hemos realizado en el CIDE confirman esta impresión. En la encuesta que realizamos cada tres años a los internos observamos un deterioro cada vez mayor. Falta comida, medicinas, los sobornos continúan, el miedo de los internos crece.

El hacinamiento es cada vez más crítico. Mientras que la capacidad en las cárceles del DF es para 23,000 internos, hoy hay casi 40,000. En los reclusorios Norte y Oriente viven alrededor de 10,000 internos. Estas son verdaderas ciudades pero con muy poco gobierno. Yo, como experto en la materia, no me sorprendo acerca de por qué hay tanto descontrol. Ante semejante deterioro me pregunto cómo es que no hay más motines, más fugas y más violencia.

El problema que tenemos con las cárceles en México empieza por la cabeza. Nunca se ha pensado realmente que hacer con las cárceles, ni para qué sirve. El texto constitucional que las consagra como instrumentos de readaptación social es sólo una infantil expresión de deseos. Ninguna autoridad, ya sea local o federal, ha pensado seriamente y ha implementado una política de reclusión. Allí se encierran a los delincuentes para que se "pudran" en la cárcel sin evaluar el costo social que esta política tiene. Un estudio realizado por Armando Nevarez, investigador del Seguro Social, demuestra que casi un 90% de los internos que entran a los reclusorios sin ser consumidores de drogas salen consumiéndolas. Es sabido que en los centros conocen a traficantes. Como salen sin un peso y sin trabajo, las redes de traficantes que conocieron adentro les sirven para luego conseguir trabajo...vendiendo droga. Entra un primo-delincuente o un ladrón de bicicleta. Al rato comienza a drogarse dentro del penal. Al año sale y en lugar de readaptarse vende droga. No solo las cárceles son escuelas de delincuentes. También son escuelas de drogadicción.

Las cárceles deben ser para los delincuentes más peligrosos. Cuantos menos tengamos adentro más fácil va a ser controlarlos, y menores serán las consecuencias sociales de largo plazo. Mientras que duplicamos en los últimos 6 años el número de internos, el delito igual siguió creciendo. De nada sirve hacer reformas al código penal, promover juicios orales, o reformas policiales si no se piensa seriamente también en el último eslabón de la cadena: ¡qué hacer con los culpables! Y esta no es tarea de los directores de los penales ni de las direcciones de readaptación social. Esta es tarea de la sociedad y de los gobiernos. Sin reformar la política carcelaria todas las demás reformas serán poco efectivas y efímeras. Y seguirán habiendo complicidades, corrupción y fugas.

Mexico
27/05/2009



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